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sábado, julio 01, 2006

Fin de semana de cine

Con una semana de retraso, pero no quería dejar de comentar las dos últimas películas que he visto.

El viernes pasado, y a pesar de las advertencias de muchos de mis amigotes, fui a ver "Ultraviolet". La verdad es que es una película que lo tenía todo para que me gustara: ciencia-ficción, un futuro opresivo, una ambientación visual muy lograda, vampiros, hostias, y Milla Jovovich. Joer, hasta el cartel molaba:

Así que allá fuimos un colega y yo. Unos títulos de crédito muy originales, de lo más conseguido. Y unas primeras escenas de acción absolutamente descerebradas pero espectaculares.

Y ahí se acabó todo. El resto es una suma de pajas mentales, incoherencias, diálogos absurdos, situaciones insultantes para la inteligencia del espectador, una trama que no se sostiene, unos personajes que nunca acabas de saber qué quieren exactamente, y unos diálogos dignos de un niño de seis años. Y sí, quedan algunas ideas visualmente interesantes sueltas en este delirio; y alguna coreografía de combate que no está mal (alguna, dado que otras son "muevo mucho la cámara y así parece que hay acción, y cuando la dejo quieta ya ha acabado todo"). Pero no es salvable más allá de los primeros quince-veinte minutos.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que "Ultraviolet" es de lo peor que se ha estrenado en el cine últimamente. Aunque no alcanza el horror de "Alone in the Dark" o "El sonido del trueno", no está muy por encima de "Doom". Y lo peor de todo es que te quedas con la sensación de que se habría podido hacer, si no una gran película, sí al menos un entretenimiento de lo más digno. Pero al guionista/director, por lo visto, se le subió a la cabeza la maravilla que consiguió (posiblemente de forma casual) con "Equilibrium" y pensó aquello de "Orson Welles, y después yo".

Por no hablar de los momentos metafísicos/profundos, con monólogos internos del tipo "Soy un titán, soy un monolito", o la personalidad del Doctor Maligno cuya identidad final resulta ser toda una sorpresa (sólo le faltó decir "Violet, yo soy tu padre"). Aunque hay que reconocerle valentía al actor que lo interpreta: hay que tener muchos huevos para decir "Enviad al escuadrón del gas a detenerla en la Biblioteca de Ciencias Mortales" sin que te entre la risa.

En fin, una película absolutamente lamentable, y que hace muy poco por la carrera de los implicados en la misma.

Número de armas ocultas: ¡Muchas!

Afortunadamente, al día siguiente me fui a la filmoteca para ver algo de más calidad. En efecto, en el festival "Cinema Jove" han dedicado una sección al director británico Stephen Frears, del cual conocía algunas obras ("Sammy y Rosie se lo montan", "La furgoneta" y "Café Irlandés"). Aparte de estas, se incluía en el programa su última película, "Mrs. Henderson presenta".

Tenía mucha curiosidad porque conocía la historia en la que estaba basada. La Sra. Henderson era una excéntrica viuda millonaria que compró un teatro londinense, el "Windmill", en la década de los 30. Dicho teatro pasó a la historia, principalmente, por dos razones: por ser el primer teatro inglés que presentó mujeres desnudas, y porque durante la guerra siguió abierto prácticamente todos los días, a pesar del bombardeo alemán, bajo el lema "We Never Closed" ("No cerramos nunca"; y sí, ya sé que sería "We Never Close", pero es así como se utiliza en la película, para jugar con el cartel de "Closed"). Así, el "Windmill" se convirtió, en cierta forma, en uno de los símbolos de la resistencia de los ciudadanos londinenses contra la guerra.

Quizá el gran acierto de la película sea el ritmo endiablado con el que van ocurriendo las cosas. En un primer momento, se nos presenta la situación a grandes rasgos, la viudez de la Sra. Henderson y sus excentricidades (absolutamente impagable, Judi Dench). La Sra. Henderson vive en su propio mundo de fantasía ("La verdad es tan prosaica") y busca algo en lo que entretener su tiempo ("Estoy aburrida con la viudez"). Así que se compra un teatro.

Posteriormente, se nos presenta a su partner en el negocio, el director profesional al que contrata para que convierta el "Windmill" en un referente del teatro londinense, el Sr. Vivian Van Damm.

Ejem, Van Damm, no Van Damme.

Sorry.

Van Damm es todo lo contrario a Henderson. Un hombre pragmático, acostumbrado a organizar las cosas a su manera, con los pies en el suelo y con una conducta paternalista y a la vez dictatorial en su relación con los actores. Como es lógico, el duelo interpretativo entre los dos personajes ocupa la mayor parte de la trama, con un resultado extraordinario.

Si hemos dicho que Judi Dench está impagable, Bob Hoskins es, a mi juicio, lo mejor de la película. Su caracterización de Van Damm es sencillamente inmejorable; de todas formas, no era la primera vez que Hoskins interpreta a una personalidad de carácter. Ya fue Kruschev en "Enemigo a las Puertas".

Para los despistados, Kruschev es el de la izquierda.

Hoskins también ha encarnado otros muchos personajes memorables, en los que en cierta forma ya anticipaba su interpretación de Van Damm.

Si tuviera un teatro, ¿querríais salir desnudas en el espectáculo?

Pero bueno, volvamos al tema. La segunda parte de la película, con un ritmo frenético, combina los distintos números musicales con la relación entre Henderson y Van Damm, que demuestra una vez más la capacidad de los directores británicos para elevar el insulto a la categoría de arte ("Señorita, nunca interrumpa una buena discusión"). Es quizá la parte más entretenida de la película, aunque la más lograda es sin duda la tercera.

Durante esta última parte, se nos muestra la vida en el teatro bajo la amenaza de las bombas. Van Damm, convertido en un auténtico Churchill doméstico, arenga a su personal a dar lo mejor de sí mismos para aportar su granito de arena a la defensa de Londres, y los números ganan un claro matiz político (estremecedor, el de "La Marsellesa", con homenaje incluido a la "Libertad guiando al pueblo" de Delacroix).

Esta última parte, sin embargo, queda un poco lastrada al final con la inclusión de dos subtramas que cortan el ritmo que hasta ese momento se había conseguido: la relación entre una de las artistas y un soldado que parte al frente; y la decisión del Gobierno de cerrar el teatro por motivos de seguridad ("Lo que no ha conseguido Hitler lo va a hacer nuestro Gobierno", en palabras de Van Damm). Pero aún así, dado que el metraje de la cinta no es ni mucho menos excesivo (103 minutos), consigue remontar al final, con un último número brillante y un último baile/duelo entre Henderson y Van Damm en el tejado del teatro ("En la India, sólo dejan bailar a los hombres con talento").

En resumen, una película inteligente, bien narrada, con un ritmo muy vivo, diálogos chispeantes e ingeniosos, buenas dosis de humor británico, y una reflexión acerca de lo heroica que puede llegar a ser la normalidad en tiempos difíciles. Recomendable para cualquier persona, de cualquier condición.

PD: Sí, es absurdo dedicar una sección a Frears en "Cinema Jove", dado que Frears lleva casi cuarenta años en el mundillo del cine, pero vamos a dejarlo pasar, ¿ok?

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3 comentarios:

  • A las 2:13 p. m. , Blogger keleb-dûr ha dicho...

    Hey! avisad la próxima (para el festival de cine no para ultraviolet) XDDDDDDDD Toni quiere ir para ver a la Jovovich pero si es taaan, taaaan mala será mejor que se la baje.
    Por cierto ¿vas a venir a la fiestuki el 8 de julio?
    olatz

     
  • A las 2:19 p. m. , Blogger keleb-dûr ha dicho...

    Por cierto, no me deja postear en el blog de Felicidad así que si hablas con ella, dile que se venga a la fiesta también ¿vale?, le recordaré a Toni que la llame.

     
  • A las 11:01 p. m. , Blogger Casinoyfurcias ha dicho...

    Olatz, ¿has probado a ir al nuevo blog de Felicidad? Lo digo porque en el de MSN no se podía postear, pero en el nuevo (que está en DRIMAR) sí se puede. El link que tengo en el blog
    está ya actualizado.

    Y Ultraviolet es tan mala que probablemente no vale la pena ni bajársela.

     

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