Mi propio blog, con casino y furcias

¡Ah! ¿No hay sitio para mi en vuestros blogs, eh? ¡Vale! Me construiré mi propio blog. Con casino. ¡Y furcias!

viernes, octubre 26, 2007

O te adaptas, o te adaptan

El aguador: un oficio muy digno, y hoy olvidado.
Tenía derecho a ganarse la vida,
pero el mercado cambió.

El fonógrafo, antaño rey de las fiestas.
Sus fabricantes y distribuidores tenían derecho a ganarse la vida con él,
pero hoy día ya nadie lo compra.

La levita, tan decimonónica como elegante.
Los sastres que las hacían tenían derecho a vivir de su trabajo,
pero hoy sólo las piden para bodas (como mucho).

El miriñaque era el no va más de la elegancia.
Pero por muchos derechos que tuvieran sus diseñadores,
hace más de dos siglos que no está de moda.

Un negocio tan molón como peligroso, el Pony Express.
El telégrafo y el tren acabaron con él,
a pesar de los derechos de los jinetes que se jugaban la vida.

¿Y a que viene todo esto, preguntaréis? Pues a que me ha parecido terriblemente falaz la argumentación del cantante de Depeche Mode en una entrevista en "20 minutos": "Un artista también tiene derecho a ganarse la vida con su trabajo".

Y me parece falaz por dos cosas: primera, porque un artista tiene el mismo derecho a ganarse la vida con su trabajo que un aguador, un fabricante de fonógrafos, un sastre de levitas, un diseñador de miriñaques o un jinete del Pony Express. Pero desde Adam Smith (y probablemente desde antes) se sabe que lo que el mercado te da a cambio de tu trabajo depende de la oferta y la demanda. Y si lo que ofreces no responde a la demanda del mercado, te toca adaptarte o desaparecer. No hay más opciones.

Y segunda, porque oyendo a este tipo (o a Ramoncín, o a cualquiera de su cuerda) uno podría pensar que el músico profesional nació con la invención del disco y que los cantantes siempre han vivido de las copias que vendían. Y si reflexionáis un momento, os daréis cuenta de que músicos y cantantes profesionales han existido desde que el hombre es hombre. Y sólo en los últimos, digamos, cincuenta años han dependido de las ventas de copias de sus obras; hasta ese momento dependían de su éxito.

Además, curiosamente, para otras bellas artes no pasa lo mismo. El éxito de un pintor o un escultor no se mide en copias de su obra vendidas, a pesar de que son tan reproducibles como las de los músicos. ¿Por qué?

Porque la industria de la música se montó en base a una premisa abusiva: si el consumidor quería un producto de calidad, tenía que pagar por él un precio que incluía un margen de beneficio totalmente desproporcionado. Al fin y al cabo, era mucho más cómodo para todos los implicados, y el que pagaba no tenía otra opción. Sí, podía grabarse música en un cassette vírgen, pero la pérdida de calidad era tan notable que estos casos eran marginales.

El problema de las premisas abusivas es que, cuando desaparecen, te dejan incapaz de competir en el mercado. Tan inerme como un aguador ante la canalización de agua corriente en todas las casas.

¿Tienen derecho a vivir de su trabajo? Sí, como todo el mundo. Pero también tienen la obligación de darse cuenta de que el entorno en el que trabajan ya no es como era hace unos años. Y si no lo hacen, los únicos culpables de haber matado la música serán ellos y su modelo de negocio.

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